La Villa Romana de Fuente Álamo

La villa hispanorromana de Fuente Álamo parece erigirse como una representante más de la articulación rural que apreciamos en el sur de la Península Ibérica en los siglos finales del Imperio Romano.

Las villas rústicas cumplían en el Bajo Imperio una doble vertiente: por un lado eran la réplica de la casa en la ciudad con todas las comodidades de ésta; por otro era el centro articulador de un enorme campo agrícola y ganadero por explotar.

Detalle de un Mosaico

Los agrónomos romanos dictaron una serie de normas básicas a la hora de situar y construir una villa y además aconsejaron como debía ser el correcto funcionamiento de ésta.

Colomuela divide la villa en tres zonas principales: la "pars urbana" que seria la zona noble de la villa donde viviría el señor con su familia y su personal de confianza (siervos, personal domestico...) ; la "pars rustica" que era la zona dedicada a las viviendas de siervos y esclavos, en definitiva la zona dedicada a todo el personal trabajador de la villa; en último lugar la "pars frumentaria" que era la dedicada a la producción y almacenaje agrícola y ganadero.

De esta forma nos encontramos en pleno ámbito rural con una serie de construcciones, en algunos casos de grandes dimensiones, que aunaban por un lado los placeres de la vida retirada, en el campo, y por otro, la dirección organizativa y administrativa no sólo de una pequeña porción de tierra sino probablemente de una amplia zona agrícola.

Fotografía del Interior

Seguramente Fuente Álamo fuera el centro articulador de una zona situada en el Valle medio del Genil. El núcleo principal de una serie de pequeñas explotaciones situadas radialmente en relación al asentamiento principal. De esta manera el señor de la villa era el dueño y propietario de una amplia cantidad de tierra, a modo de grandes terratenientes de la antigüedad.

Ya en los textos clásicos se habla de la vida en el campo como aconsejable para las personas. Alejarse del tumulto de la ciudad suponía ganar calidad de vida, descansar placidamente, inexistencia de compromisos políticos y sociales, ahorrar en vestido y calzado y disfrutar cada momento de ocio y tiempo libre en compañía de la familia y amigos cercanos.

A la hora de situar los edificios, los agrónomos romanos aconsejaban una serie de características básicas para el buen funcionamiento de la hacienda, aunque no siempre sería posible aunar este conglomerado de "buenas practicas".

Fuente Álamo, aun sin conocer toda la superficie de las construcciones, sabemos que cumplía algunos de estos requisitos: cercanía a un punto importante de agua (arroyo, manantial, fuente natural...); fertilidad de las tierras; una colocación a media altura, ni en una zona excesivamente baja y por tanto fácilmente inundable, ni sumamente elevada, expuesta al furor de los vientos; también resultaba importantísima la relativa cercanía de vías de comunicación: ni muy alejado de los caminos para poder comercializar los productos sobrantes, ni demasiado cercano para evitar a pesados viajeros que solicitaban hospedaje. Para ello lo mejor era situarse relativamente cerca de los caminos secundarios o de servicio.

La producción principal estaría basada en el olivar, la vid y los cereales así como en diferentes productos de la huerta y árboles frutales. La villa se autoabastecería de los productos primarios como pan, aceite, vino, frutas y hortalizas.... No debemos olvidar la parte ganadera donde se domesticarían diversos animales como vacas, cerdos, gallinas, conejos, ovejas, cabras... destinadas principalmente al abastecimiento cárnico y lácteo de los habitantes de la zona, así como a la utilización de sus pieles para el vestido en los meses de invierno.

Todo esto se complementaria con la pesca en el río Genil, Singilis para los romanos, y con la actividad cinegética, la caza, que seria sumamente importante en la antigüedad.

Principalmente la villa utilizaría su producción para su autoabastecimiento y consumo propio, pero al ser una importante producción, el excedente sobrante se utilizaría para comercializarlo o incluso para utilizarlo como moneda de cambio con otros productos necesitados en el lugar.

Esta producción reinvertiría directamente en el bienestar de los habitantes del "fundus" y principalmente de la familia del propietario, cosa que vemos claramente reflejado en la decoración, comodidad y suntuosidad de las estancias residenciales.

Con todos estos elementos podemos percibir este enclave bajoimperial como un conglomerado de zonas claramente diferenciadas.

La arqueología de Fuente Álamo nos muestra diversos vestigios que nos hacen ver claramente estas zonas de vivienda y producción. Tanto en superficie como por excavación advertimos sectores que nos indican una vida de relax y ocio, así como otra vida dedicada enteramente al servicio y el trabajo.

Fotografía del Exterior

Uniendo toda esta información podemos imaginar un lugar idílico para vivir combinado con numerosos zonas de recreo y puntos de agua (fuentes, piscinas...) que enriquecerían aun más el ambiente del lugar.

Pese al lujo y suntuosidad que la villa poseía, ésta, como tantas otras sucumbió al paso del tiempo. Probablemente hacia finales del siglo VI o principios del VII, la villa fue abandonada. Con el correr del tiempo, en el edificio, en parte destruido, se reaprovecharon diversas estancias por gentes islámicas que lo utilizaron como viviendas, establos para su ganado o almazara para la producción de aceite. 

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